Sitges Film Festival 2025: Resumen personal

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Un año más, he vuelto a Sitges para disfrutar de la quincuagésimo octava edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña. En total he acudido a un total de doce películas a lo largo de más de una semana de proyecciones y lo cierto es que me voy con muy buen sabor de boca, habiendo descubierto varias joyas inesperadas que seguro que recomendaré a cualquiera con quien hable de este festival.

Encabezando el cuarteto de películas favoritas tenemos «Gaua«, de Paul Urkijo. El director alavés regresó a Sitges para presentar su tercer largometraje, algo que ya hizo con sus dos anteriores películas: «Errementari» e «Irati». Con «Gaua» nos presenta toda una declaración de intenciones, un manifiesto sobre el amor y la libertad en un mundo cargado de misticisimo y belleza, pero también lleno de oscuridad. Se trata de una película visualmente preciosa, muy depurada a nivel técnico y llena de pinceladas de toda esa mitología y folklore vasco que le otorgan a las películas de Urkijo su marcada y poderosa personalidad. En esta ocasión además, no tendremos que esperar meses para poder disfrutarla en las salas de cine ya que se estrenará el próximo mes de noviembre.


GAUA. Filmax


En este grupo de películas «TOP» también nos encontramos otro exponente del folk horror. En este caso se trata de «Marama«, del neozelandés Toa Stappard, quien debuta como director con esta reivindicativa historia sobre una chica maorí que viaja a la Inglaterra victoriana en busca de información sobre sus padres y sus antepasados. Apoyada en su ambientación gótica, la película tiene un trabajo artístico sensacional, destacando su vestuario, su diseño de producción y su fotografía. De marcado carácter anticolonialista, Stappard plasma con crudeza las tropelías y atropellos cometidos por los británicos, así como la apropiación y desacralización de la cultura maorí. Ariana Osborne, su protagonista, termina de encender la llama con una portentosa actuación, llena de rabia y fuego.


Marama. Apple


Seguimos con «Feels like home«, el también debut del húngaro Gábor Holtai. Otra película con una claro toque de crítica social en la que una mujer se queda sin trabajo y es secuestrada. Al despertar, se encuentra con que la han confundido con la hija desaparecida de una familia rica, por lo que desde ese momento tendrá que pensar en una manera de escapar mientras sigue las reglas que le imponen en la familia. Se trata de una imaginativa metáfora sobre el mundo empresarial aplicable también a los gobiernos (en especial aquellos que conforman regímenes dictatoriales u oligárquicos), en el que las personas son recibidas como miembros de una familia y tratadas como tal siempre que sigan el rol que se les ha impuesto. En caso contrario, todos son reemplazables.


Termino mi sección de favoritas con «Hi-Five«, del surcoreano Kang Hyeong-cheol, una divertídisima película de superhéroes en la que una especie de Superman coreano se suicida y dona sus órganos, los cuales van a parar a seis personas diferentes que «heredan» parte de su poder. Cinco de ellos montan un grupo para impedir que el sexto, el líder de una secta que busca la inmortalidad, consiga reunir el poder de todos y hacerse joven e inmortal. Como digo, se trata de una película absurda pero tremendamente divertida y en la que cada uno de los héroes tiene su momento de protagonismo.


Una de las grandes triunfadoras de esta edición ha sido «The Furious«, de Kenji Tanigaki. Una película de acción trepidante en la que un mecánico mudo se convierte en una especie de John Wick después de que su hija sea secuestrada por unos traficantes. La película tiene un ritmo brutal y las peleas están brillantemente coreografiadas y con una ejecución impecable que le valió para hacerse con el Gran Premio del Jurado (compartido con «Obsession»).


Otra película de acción que me ha sorprendido gratamente ha sido «Delivery Run«, de Joey Palmroos. Se trata de un thriller en el que un chaval que trabaja como repartidor comienza a ser perseguido por una máquina quitanieves en mitad de la gélida noche de un pueblo de Minnesota. Como digo, la premisa es sencillita pero está bastante bien ejecutada y además me gusta el hecho de que el protagonista es tan odioso que hay momentos en los que no puedes evitar ponerte del lado del señor Quitanieves.


De «Fucktoys«, dirigida por Annapurna Sriram, me esperaba algo más, pero me quedo con la ambientación de realismo mágico trash-punk y la forma en que su protagonista navega por ese caos que ella misma provoca tras emparanoiarse después de que una vidente le eche las cartas y le diga que tiene una maldición.


También disfruté con «Chien 51«, del francés Cédric Jimenez. Un thriller policiaco en el que un grupo de rebeldes y policías intenta hacer frente a una IA que dirige una Paris futurista, distópica y segregada. La ambientación cyberpunk y la presencia de Adéle Exarchopoulos le dan lustre a una película con un argumento que no llega a romper del todo y cuyo ritmo se pierde por momentos.


También pude ver «A useful ghost«, del tailandés Ratchapoom Boonbunchachoke, una película que ha aparecido en el palmarés llevándose el premio a mejor guion, pero con la que no terminé de hacer clic. Y eso que la premisa era atrevida e interesante: estamos en un mundo en el que, al morir, el espíritu de una persona puede poseer aparatos electrónicos como aspiradoras mientras trata de proteger o atormentar a una persona. La película juega muy bien con este concepto, presentando fantasmas buenos, como el de la esposa que quiere proteger a su marido, y fantasmas más vengativos, mientras manda son sutileza otro tipo de mensajes llenos de crítica social.


Tampoco me terminó de convencer «If I had legs, I’d kick you«, de Mary Bronstein. En este drama psicológico, una mujer se mueve al límite de la cordura mientras afronta una serie de problemas de índole profesional (una paciente suya desaparece) y personal (su hija tiene una enfermedad rara, su marido está ausente trabajando y en su casa aparece un agujero en el techo). Me quedo, sin duda, con la actuación de Rose Byrne, que está impresionante llevando el peso narrativo y visual. Merecedora indiscutible del premio a Mejor Actriz en el festival y seria aspirante a conseguir una nominación al Oscar este año.


La primera película que vi este año fue «Tornado«, dirigida por John Maclean. Ambientada en las Highlands a finales del siglo XVIII, cuenta con una premisa muy interesante en la que una chica y su padre (japoneses), que viven en una caravana haciendo un espectáculo itinerante de marionetas, sufren un asalto por parte de un grupo de bandidos. Tras un inicio prometedor, la historia se convierte en un correcalles alrededor de un lago en el que la chica primero huye y luego acaba por enfrentarse a sus agresores.


Y cerramos la lista de películas de esta edición con «Opus«, el estreno de Mark Anthony Green como director. Pese a contar con estrellas del calibre de Ayo Edebiri y John Malkovich, la película naufraga y se queda en tierra de nadie, de forma que lo que pretendía ser una mezcla entre «The Menu» y «Midsommar», acaba siendo una película sin personalidad pese a que algunos de sus giros narrativos no están mal.


Esto ha sido el festival de Sitges para mí. Comienza ya la cuenta atrás para la próxima edición.

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