SITGES 2024: Daniela, Forever en Sitges
Último día completo en Sitges para los McGuffins (el jueves aún me queda la última bala) y qué mejor broche que «Daniela Forever», lo último de Nacho Vigalondo después de ocho años de ausencia. Se trata de una película que plantea la inducción de sueños lúcidos como herramienta para tratar la dependencia emocional tras una pérdida repentina. En ella, el protagonista (Henry Goulding) acepta someterse a este tratamiento pero acaba diseñando una «segunda vida» en ese universo onírico creado por su cerebro en el que su amada (interpretada por una brillantísima Beatrice Grannò) sigue con vida y él además es una especie de dios con control de todo lo que pasa ahí dentro. El film destaca de manera notable en la parte visual, donde cada «mundo» tiene su propia perspectiva, con diferentes relaciones de aspecto y elecciones de cámara que dan lugar a un mundo más limitado y sucio (el mundo real), y a otro más amplio, luminoso y lleno de detalles (el que el prota proyecta en sus sueños). Una apuesta arriesgada pero de la que el director cántabro consigue salir airoso.
El día comenzó con anterioridad con «Sew Torn», de Freddy Macdonald. Esta producción suiza nos cuenta, de una forma brillante, la historia de una costurera bastante peculiar que se ve en una tesitura complicada. La película plantea y desarrolla cada una de las tres alternativas en las que piensa la protagonista cuando se encuentra en esa situación. Cada una de ellas le lleva por un camino tumultuoso en el que consigue hacer gala de su ingenio con los hilos cual McGyver con una aguja. Dado su original planteamiento, para mí ha sido, personalmente, una de las sorpresas del festival.

Cerramos la sesión triple con «Night Call», del belga Michiel Blanchart. Un thriller muy intenso en el que un cerrajero 24h se fía de una cara bonita a la hora de abrir la puerta de una casa y se acaba viendo arrastrado a una trama criminal que desemboca en una noche de pesadilla en la que tendrá que tirar de todo su instinto de supervivencia, pero también de su humanidad. Como digo, 90 minutos de pura tensión.
